El presente endurecimiento de la nación de Israel

 y su futura restauración

 

Romanos 11:25-32

 

 

 

“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; 26 y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, Que apartará de Jacob la impiedad. 27  Y este será mi pacto con ellos, Cuando yo quite sus pecados.  28 Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres. 29 Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.”

 

 

Primera parte: Expositiva

 

 

El misterio del endurecimiento parcial y temporal de Israel (v. 25)

 

“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles...” (Romanos 11:25).

 

La arrogancia gentil

 

Pablo ahora se dirige a sus lectores como a “hermanos”. Sería un error colosal creer que porque él habla aquí a “hermanos”, sólo habla acerca de hermanos en todo el capítulo 11 de Romanos. Él desea que los hermanos no sean sabios a sus propios ojos (o “en su propia opinión”), como por ejemplo ante la suposición de que la última obra de Dios en la tierra será con la Iglesia. Y ésa es justamente la arrogancia: la negación de la plenitud (pleroma) y supremacía de Israel como nación salva en la tierra, y a través de la cual tendrá lugar el gobierno de la tierra por parte del Mesías. Un cristiano es sabio en esta arrogancia cuando considera los privilegios de los gentiles que fueron injertados como si fuese la última obra de Dios. Y precisamente el Espíritu de Dios contradice especialmente esta arrogancia gentil en los capítulos 9 a 11 de Romanos, arrogancia que también tienen los judíos cuando reclaman privilegios basados únicamente en su descendencia natural.

 

Las dos partes del misterio concerniente a Israel

 

El Antiguo Testamento guarda silencio acerca del misterio de Cristo y de la Iglesia (Romanos 16:25); éste estuvo oculto desde los siglos (de todos los períodos de tiempo), y estuvo oculto de las generaciones (o sea, de las personas) (Colosenses 1:26). Ahora, ¿dónde estuvo oculto? No estuvo oculto en el Antiguo Testamento, sino que lo estuvo en Dios (Efesios 3:9). Éste es el gran misterio del que otros dependen y al cual están supeditados.

 

«…Éste es el misterio especial —subordinado a la prosecución del gran misterio— de hacer a un lado a Israel como dejándolo ciego por un tiempo, “en parte”, hasta que la plenitud de los gentiles haya entrado. Éste era un particular plan de Dios, el cual no consistía exactamente en la Iglesia ni en el reino, sino que era un desplazamiento temporario de la parte terrenal, no su establecimiento bajo el nuevo pacto, ni bajo el Mesías, sino el hecho de que Israel haya sido puesto a un lado en parte, bajo ceguera, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles. Entonces, cuando este paso preparatorio se haya cumplido, la bendición de Israel, como tal, tomará su curso conforme al alcance más extendido de los consejos de Dios, los cuales también incluyeron a los cielos. Se trataba de un misterio especial subordinado, porque lo natural hubiese sido que Israel haya continuado y haya sido puesto bajo el nuevo pacto, y que los gentiles hayan sido bendecidos con el pueblo de Dios; pero todo esto ha sido por el momento hecho a un lado, para que los gentiles, como algo especial, conforme a los consejos de Dios, para quienes todos Sus consejos son conocidos desde la fundación del mundo, puedan entrar. Éste, pues, es también un misterio especial, aunque sirva en su lugar al desarrollo del gran misterio de la voluntad de Dios en sus resultados» (J. N. Darby, Notes and Comments 2:108).

 

¿Qué cosas no pueden ser el misterio de Romanos 11? No puede ser el “misterio” el hecho de que Israel será bendecido bajo el reinado del Mesías, pues esa bendición fue plenamente revelada en el Antiguo Testamento. Tampoco puede ser este misterio (es decir, una cosa previamente oculta)[1] el hecho de que los gentiles serían bendecidos cuando Israel fuese restaurado, pues eso también fue clara y plenamente declarado en el Antiguo Testamento. El misterio del v. 25 se compone explícitamente de esto:

 

Ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles.”

 

Esto comprende dos partes:

 

1. Endurecimiento (o ceguera) parcial, no completa, de Israel, y

 

2. Durante un período de tiempo en el cual tiene lugar “la plenitud de los gentiles” (“hasta que”).

 

 “Ha acontecido a Israel endurecimiento en parte

 

Algunas de las ramas naturales permanecen en el árbol de olivo a través de todo el tiempo de la inserción de los gentiles en él. Puesto que las ramas judías que fueron cortadas lo fueron a causa de su incredulidad (v. 17, 23), las ramas naturales (judías) que no fueron cortadas, se mantienen, pues, como creyentes en Cristo.

 

La plenitud de los gentiles y la plenitud de Israel

 

La plenitud de los gentiles

 

«El sistema judío fue cerrado, lo sabemos, para dejar la puerta abierta a los gentiles. De igual modo, los gentiles, como sistema, culminarán para permitir el reingreso de los judíos al lugar de la promesa, el cual entonces se extenderá sobre toda la tierra. Aquí no es cuestión de que Dios haya fracasado en el cumplimiento de Su obra de gracia, lo cual jamás sería posible, sino de que a Israel le ha acontecido un enceguecimiento en parte hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles, esto es, todos los gentiles que hayan tenido parte en la gloria de Cristo —la verdadera Iglesia, en una palabra— el número completo de los que hayan sido introducidos por el Evangelio.

 

Entonces, la historia gentil de la gracia y de la Iglesia, cesará, e Israel será salvo como nación (lo cual evidentemente no lo puede ser mientras dure el tiempo de la Iglesia, en la cual “no hay judío ni griego”); y no sólo serán salvos los judíos, sino “todo Israel”, cuando Cristo venga, el Libertador, de Sion, y no del cielo para tomar a los suyos al cielo, sino que quitará la impiedad de Jacob en el lugar de Su poder en la tierra. El sistema profesante gentil “será cortado”, a menos que el papado y la incredulidad “permanezcan en la bondad de Dios”. Y nótese que aquí no se trata de que sea la bondad de Dios la que continúe. Sólo entonces se desplegará de la manera más plena; la plenitud de los gentiles habrá entrado, y todos ellos habrán sido tomados entonces a la gloria celestial. Pero, como sistema en la tierra, los gentiles no habrán continuado en la bondad de Dios, sino que serán cortados. Éstos son los caminos de Dios en la tierra, no la seguridad de los santos para el cielo. Hay un lugar de promesa y bendición en el cual son introducidos los hombres; y ellos pueden ser partícipes de lo que se puede ser partícipe en la tierra, pero no necesariamente son verdaderos partícipes de la vida de Cristo; Hebreos 6» (J. N. Darby, Collected Writings 3:185).

 

 

La palabra “plenitud” (πλήρωμα) del v. 25, usada en relación con los gentiles, es la misma palabra que se utiliza para Israel en el v. 12. En el primer caso significa el pleno complemento de los gentiles elegidos durante el tiempo en el cual Dios no trata con Israel; mientras que en el otro caso, lo que se quiere decir es que la nación entera, purificada de todos los endurecidos de corazón, será salva. Nótese, pues, que la época de la presente recolección de los gentiles termina con el cese de la predicación del evangelio de Pablo. Nótese que Romanos 11:28 declara:

 

“Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres.”

 

El intervalo entre el arrebatamiento y la aparición de Cristo, es un período de transición durante el cual el Evangelio actual no será predicado. Dios formará una elección de Israel, como tal, y no como parte de la Iglesia. Ellos son los que empezarán de nuevo la predicación del evangelio del reino.

 

Estas dos plenitudes están relacionadas con el propósito de Dios, el cual consiste en glorificarse a sí mismo en Cristo en dos esferas: la celestial y la terrenal.

 

La plenitud de Israel (v. 26)

 

“Todo Israel será salvo” (v. 26). Israel, también, tendrá una plenitud (v. 12). Ése será el tiempo cuando se cumplan las profecías del Antiguo Testamento. La elección del futuro remanente judío es lo que compondrá la nación entonces, y no cada individuo judío que esté en la tierra, pues aquellos judíos duros de corazón habrán sido removidos mediante diversos juicios. La “angustia de Jacob” (Jeremías 30:7) costará seguramente caro en víctimas, pero de entre ellas, Jacob será salvo y entrará en la bendita “mañana” de los Salmos, cuando los rectos de corazón se enseñorearán sobre los malos, cuyo buen parecer se consumirá por el Seol (Salmo 49:14). Los hijos de Jacob electos serán lavados en el manantial, del pecado y de la inmundicia (Zacarías 13:1).

 

«El hecho de que Jacob o Israel ha sido elegido para la tierra, es lo que enseña la Escritura. Asimismo, el hecho de que, como nación, ellos serán bendecidos —“porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios”— también lo enseña la Escritura. Pero esto no se refiere en absoluto a la salvación de sus almas; sino que más bien son claros los positivos testimonios en contra de ello (Isaías 65:9). Léase todo el capítulo, el cual enseña positivamente que sólo un remanente será salvo. El capítulo 66 de Isaías, de tomarse con inteligencia, muestra la misma verdad. El capítulo 11 de Romanos, si bien declara claramente la seguridad de su bendición como nación, no obstante la hace descansar sobre la base de una elección según la gracia, y en el tiempo de la liberación del pueblo, cuando “todo Israel será salvo”. El capítulo 12 de Daniel es absolutamente claro en el hecho de que solamente un remanente escogido, todos los que se hallen escritos en el libro, será libertado, y que muchos serán levantados para vergüenza y confusión perpetua. Zacarías 13:8-9 también es claro en el hecho de que habrá tan sólo un remanente escapado de la gran tribulación. Si el Señor no los hubiera dejado como un muy pequeño remanente, ellos hubieran sido como Sodoma y Gomorra. Y obsérvese que estas declaraciones se aplican al tiempo cuando está escrito que “todo Israel” —y no todos los israelitas— será salvo. El capítulo 4 de Isaías claramente enseña la misma verdad, a saber, que esta bendición será hecha eficaz en un muy pequeño remanente: no todo Israel, por cuanto ellos no son reunidos a la iglesia, sino salvos como pueblo; todos aquellos que son perdonados.

 

En cuanto a las diez tribus, tenemos el mismo testimonio, en cuanto a que tan sólo un remanente será libertado. Zacarías nos muestra dos terceras partes cortadas en la tierra, esto es, los judíos. El capítulo 20 de Ezequiel nos enseña que los rebeldes de las diez tribus serán sacados, y no se les permitirá entrar en la tierra, allí donde se dice de todos los perdonados: “allí me servirá toda la casa de Israel, toda ella en la tierra” (v. 40), sin dejar la tan clara enseñanza de la Escritura la menor sombra de duda. Pero la verdad tendría que haber impedido ese engaño, porque siempre que se enseña la restauración de Israel, no sólo se dice que ellos estaban ciegos, sino que “no alcanzó una ley de justicia” (Romanos 9:31). La aplicación que se hace de “misericordia de todos” (Romanos 11:32) es completamente errónea. Lo que el apóstol está enseñando, es que, como los gentiles no tenían promesas, y la gracia soberana era para ellos, así también los judíos —quienes no sólo habían quebrantado la ley, sino rechazado las promesas al rechazar a Cristo, en quien estaban— caen bajo gracia al igual que un gentil, aunque las promesas se cumpliesen. El “todos” del v. 32 de Romanos 11 se refiere a los judíos, como a los gentiles en los v. 30 y 31. En el último se debe leer: «No han creído en tu gracia, para poder ser objetos de gracia». (Véase Isaías 19:20-22). Nada puede ser más claro que el hecho de que la liberación sea sólo para el remanente» (Letters of  J. N. Darby, 2:440-441).

 

“Vendrá de Sion el Libertador”

 

Jehová rugirá desde Sion en el tiempo de la liberación de Jacob (Joel 3:16-17).

 

«Si el apóstol empleó la versión Septuaginta de los dos pasajes en Isaías (Isaías 59:20 y 27:9; compárese también Jeremías 31), en el texto griego, como consta ahora, la frase no es “a” Sion —como consta en el texto hebreo—, ni “de” Sion —como consta en la Epístola—, sino ενεκεν (“por amor a”), excepto en dos copias a las que hacen referencia Holmes y Parsons en su gran edición de la LXX, una de las cuales es ciertamente una corrección, y la otra probablemente lo sea. El hecho de que Orígenes, Crisóstomo y Teodoreto citen conforme al Nuevo Testamento, no decide nada contra el texto común de la Setenta. Y esto se halla confirmado por el simple hecho de que Orígenes —quien había citado al profeta cuando interpretaba el Salmo 14 según la forma de citación del apóstol— da en su “Hexapla” el texto de la LXX, tal como está ahora, mientras que vemos a Aquila y Símaco ajustándose precisamente al hebreo. Resulta evidente para mí que los últimos versículos del Salmo 16 y el Salmo 52, justifican plena y literalmente al apóstol, quien fue dirigido por el Espíritu Santo a utilizar el Antiguo Testamento de una manera que les parece vaga y relajada a los apresurados, descuidados o incrédulos, demasiado dispuestos a considerar a un hombre inspirado como a sí mismos, pero dotado en realidad de la más amplia sabiduría y la más fina exactitud para transmitir el pensamiento de Dios tal como está contenido en Su palabra, no en un único texto solamente, sino extraído de muchos que, entrelazados, convergen en uno. El Libertador vendrá a Sion, desde la cual, subsiguientemente, “enviará la vara de su poder” (Salmo 110:2) para la plena liberación de su pueblo, “el día que aparte de Jacob la impiedad” y lo coloque para siempre bajo el Nuevo Pacto» (W. Kelly, Notes on the Epistle to the Romans, in loco).

 

¿Israel significa la Iglesia?

 

Si Israel significara la Iglesia, y Jacob también significara la Iglesia, entonces, veamos cómo resultaría el v. 26:

 

«Y así toda la Iglesia será salva. Según está escrito, vendrá de Sion el Libertador, que apartará de la Iglesia la impiedad.»

 

Se ha objetado que la interpretación literal del pasaje resultaría en la insostenible posición de que todos los judíos son y serán salvos, o que lo serán todos los judíos de una generación (véase S. G. Bilezikian, Eternity (Philadelphia: Evangelical Foundation) julio de 1964, pág. 4). Nos place saber que una lectura literal significa que todos los judíos de una generación serán salvos. Los que se oponen a la verdad dispensacional no pueden creer esto. En realidad, se trata de una cuestión de creerlo o no. ¿Podemos pensar que «vendrá de la Iglesia el Libertador, que apartará de la Iglesia la impiedad, y así toda la Iglesia será salva»? El amilenarista P. Mauro parece pensar así:

 

«Esta sección de la Epístola comienza con la declaración de un hecho que causó gran pesar y continuo dolor en el corazón del apóstol, a saber, que “no todos los que descienden de Israel son israelitas” (Romanos 9:6). Obsérvese aquí la frase: “todo Israel” respecto de la cual estamos ahora investigando. Y obsérvese además que lo que se nos dice aquí, no es lo que está incluido, sino lo que no incluye. El “todo Israel” de este pasaje no abarca a todos los que son israelitas. Pablo está hablando aquí de sus “parientes según la carne, que son israelitas” (v. 3-4). Y lo que le provocó una tan profunda angustia, fue el hecho —revelado por el Espíritu de Dios— de que no todos ellos, sino sólo unos pocos de entre ellos, habrían de estar incluidos en el “todo Israel” de los propósitos de Dios. Es simplemente imposible que Pablo hubiese escrito esas palabras de gran tristeza, que deseara él mismo ser “anatema, separado de Cristo”, “por amor a sus parientes según la carne”, si hubiese sostenido, o hubiese estado por declarar, la doctrina que tan frecuentemente se le atribuye a él, a saber, que todos los israelitas en el mundo habrán de ser salvos en la segunda venida de Cristo —evento que los cristianos de entonces consideraban inminente—. Esa doctrina, que era la misma piedra angular del judaísmo de entonces, Pablo la descarta; y, además, era una parte importante de su ministerio exponer su falsedad» (P. Mauro, The Gospel of the Kingdom, pág. 246).

 

Las palabras “Y así todo Israel será salvo” (v. 26), han sido extrañamente mal comprendidas. Se han tomado para hacerlas significar que todos los judíos naturales habrán de ser salvos en una dispensación venidera. Pero posiblemente no puede hacerse que ellas cedan a ese significado. El adverbio “así” declara «la manera» (no cuando) en que “todo Israel” será salvo. Se refiere al proceso de injertar en el árbol del buen olivo, ramas de un “olivo silvestre” y ramas que fueron arrancadas del mismo árbol del buen olivo; y se declara que será “así”, esto es, de esa manera y, por consecuencia, necesariamente en esta presente dispensación del Espíritu Santo, “todo”, el Israel de Dios será salvo» (P. Mauro, The Hope of Israel, pág. 150).

 

Basado en la alquimia espiritual, el autor nos dice ¡que toda la Iglesia será salva! Su fórmula para llegar a eso es:

 

Jacob = Iglesia

Israel = Iglesia

Israel de Dios = Iglesia

 

Y así atribuye lo que ningún dispensacionalista instruido creería por un momento, a saber, que todos los israelitas del mundo en la segunda venida serán salvos (compárese Ezequiel 20).

 

Como está escrito (v. 26)

 

Pablo nos dice en esta misma epístola (Romanos 16:25) que el misterio (es decir, de Cristo y de la Iglesia) no fue mencionado en el Antiguo Testamento. Por lo tanto, Pablo, cuando dice “como está escrito”, no puede referirse al cuerpo de Cristo. Isaías 59:20-21 muestra que, si se lo entiende literalmente, ello es para Israel. El Libertador es la misma persona mencionada en 1 Tesalonicenses 1:10. En el Antiguo Testamento, es el “Goel” o “Pariente-Redentor”, a quien, como tal, representa Boaz en el libro de Rut.

 

El pacto de Dios con Israel (v. 27)

 

Sin duda, la referencia es al Nuevo Pacto bajo el cual Israel obtendrá el perdón de pecados (Hebreos 8:12). J. N. Darby nos da un resumen de los asuntos relacionados con esta condición para Israel, que es de gran ayuda:

 

«El Mediador, Cristo Jesús, apareció. La obra está hecha; la sangre ha sido derramada. Pero el Nuevo Pacto aún no ha sido hecho con las dos casas de Israel y Judá. Por eso, en Hebreos, es notable cómo el apóstol, escribiendo para aquellos que gozan ahora por anticipado de los privilegios del Nuevo Pacto, elude la discusión de su aplicación directa. En realidad, ello queda reservado para el Israel convertido en el futuro. No existe realmente ninguna dificultad. Los que ahora creemos en Jesús, tanto de entre los judíos como de entre los gentiles, somos introducidos en una posición distinta como un cuerpo, pero poseemos todas las bendiciones morales del Nuevo Pacto. Su cumplimiento pertenece al pueblo judío en los postreros días, cuando el Mesías reine sobre ellos. Jesús murió “por la nación; y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos” (Juan 11:51-52). Su muerte serviría para ambos propósitos: el tiempo y orden de aplicar cada uno de ellos, es otra cuestión. De hecho, sabemos que Israel rehusó el mensaje y, en consecuencia, la bendición permanece en suspenso “hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles”. Entonces, y cuando el Redentor venga a Sion y desde Sion (pues ambas cosas son ciertas), “todo Israel será salvo”. Naturalmente que todo el valor eficaz para Israel entonces, así como para nosotros hoy, se halla en la sangre del Cordero. Si Israel tendrá sacrificios, así como un templo y un sacerdocio terrenales, ellos serán tan sólo símbolos conmemorativos de aquella gran ofrenda única de Cristo (de paso obsérvese que el Sumo Sacerdote milenario es Cristo, el sacerdote sobre Su trono (Zacarías 6:13). Su sacerdocio es según el orden de Melquisedec, y se halla fundado en la obra cumplida. Por lo tanto, los sacrificios de Israel miran hacia atrás, a una obra cumplida y son de carácter memorial, es decir, conmemorativo). La epístola a los Hebreos excluye estos símbolos para el cristiano. La cuestión de los judíos pronto, halla su respuesta en sus propias profecías» (Letters of  J. N. Darby, 3:324-325).

 

El antiguo pacto era «haz esto y vivirás», mientras que el nuevo es «vive y haz».

 

Israel, enemigos hoy, pero elegidos (v. 28)

 

Israel hoy. En cuanto al Evangelio, la nación de Israel son enemigos. Las ramas naturales que fueron arrancadas del árbol de olivo no serán reinjertadas mediante la predicación del Evangelio de la gracia de Dios. Israel como nación ha sido desechado, al menos todo el tiempo que el evangelio de la gracia de Dios sea predicado, e incluso un breve tiempo más.

 

¿Es acaso como individuos que son enemigos en cuanto al Evangelio? Naturalmente que no; el Evangelio se dirige a judíos y a gentiles por igual. No es una cuestión de individuos, sino de la posición de la nación, como nación.

 

“En cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros.” Esto también nos muestra que en tanto que “el evangelio de la gracia de Dios” (Hechos 20:24) sea predicado, la nación permanecerá en esa posición. Esto será así “hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles” (v. 25), en el arrebatamiento, y Dios entonces tomará de nuevo a los judíos, y formará un remanente piadoso, el cual, bajo el gobierno de Cristo, vendrá a ser la nación salva.

 

Israel en cuanto a la elección, amados por causa de los padres (v. 28)

 

Hay dos elecciones en este capítulo. El v. 28 es la elección de la nación, pero el v. 5 es una elección de la gracia de entre la nación. En cuanto a la elección del v. 28, la nación desechada es amada “por causa de los padres”. ¿Cómo es posible imaginar que Israel significa la Iglesia?

 

«Si éste es el Israel espiritual [es decir, la iglesia, construida por alquimia espiritual para ser eso], ello no tiene sentido. Ellos son “amados por causa de los padres” ¿Quiénes? ¿los gentiles? ¡Nunca!, sino Israel; porque Dios es el “Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”. “Enemigos por causa de vosotros.” ¿Es éste el Israel espiritual? ¡Nunca! Tampoco puede decirse que lo sean los judíos creyentes»  (The Girdle of Truth 2:379; 1857).

 

«…el asunto de que se trata es el de los judíos como el manifiesto pueblo de Dios; de los judíos según la carne, los cuales son enemigos en cuanto al evangelio, pero amados sobre el principio de una elección nacional por causa de los padres» (J. N. Darby, Collected Writings 2:523, Morrish ed.).

 

Léase de nuevo Romanos 9:3-4.

 

Los dones y el llamamiento de Dios (v. 29)

 

Está bien que se utilice el v. 29 como una verdad general, pero tengamos en cuenta que el Espíritu Santo la está aplicando a Israel como nación y, como lo hace el resto de Romanos 9-11, denota un futuro para Israel como nación amada “por causa de los padres”, y sobre el principio de la elección nacional.

 

“Pues os digo, que Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres” (Romanos 15:8).

 

El Señor Jesús murió por la nación de Israel (Juan 11:51-52).

 

El v. 28 habla de Israel en su carácter nacional. “Son enemigos por causa de vosotros” no significa la elección de la gracia. Los dones y el llamamiento de Dios, pues, se refiere a Israel como nación.

 

Los dones se recalcan en Romanos 9:4-5. El llamamiento, en Romanos 9:7. Compárese Números 23:19 y Salmo 89.

 

«Israel, infiel como el hombre, perdió todo derecho al gozo de las promesas por haber rechazado a Aquel en quien habían de tener este gozo. Ellos, después de todo, eran hijos de ira como los demás; pero eso no impedirá que Dios cumpla sus promesas. Él no puede ser infiel a su promesa, cualquiera que sea la infidelidad del hombre. Sus dones y llamamiento son irrevocables, y el endurecimiento de Israel es sólo temporal. Esto es lo que enseña Romanos 11; como el Señor mismo les dijo: “Vuestra casa os es dejada desierta; y os digo que no me veréis, hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor” (Lucas 13:35). Pero aquí vemos la perfecta sabiduría de Dios. Israel quedó sin remedio al haber rechazado al Cristo cuando él vino a presentarse a la nación. La soberana gracia de Dios será la que los reestablezca, simplemente como pobres pecadores, en el gozo de las promesas, según la palabra. Israel, bajo castigo, y guardado para aquel día, permanece sin el verdadero Dios, y sin falsos dioses, conforme a la profecía de Oseas 2; y Dios, durante este intervalo de tiempo, introduce la plenitud de los gentiles, desplegando Su multiforme sabiduría en el llamamiento de la Iglesia, pueblo celestial, establecido sobre mejores promesas, sobre la base de una perfecta redención, cumplida mediante el acto por el cual Israel se puso bajo condenación» (J. N. Darby, Collected Writings 3:348).

 

Thy Precepts May/June 2001, vol. 16, #3, págs. 94-99

 

 

“30 Pues como vosotros también en otro tiempo erais desobedientes a Dios, pero ahora habéis alcanzado misericordia por la desobediencia de ellos, 31 así también éstos ahora han sido desobedientes, para que por la misericordia concedida a vosotros, ellos también alcancen misericordia. 32 Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos”

 

La clave para entender estos versículos radica en el hecho de que todas las bendiciones vienen porque Dios las da en su soberanía, y no por el mérito humano. En los caminos de Dios con el hombre, él excluye toda idea de bendición merecida. Él ha ordenado todas las cosas de modo que el hombre no tenga nada en que jactarse o gloriarse.

 

Los gentiles hoy son objeto de misericordia (v. 30-31)

 

Vosotros también en otro tiempo erais desobedientes (o incrédulos)”, se refiere a los gentiles. Ellos son ahora objetos de misericordia a través de la instrumentalidad de “ellos”, del v. 30, el cual se refiere a Israel, el Israel arrancado del árbol de olivo. “Éstos”, del v. 31, son aquellos que no han creído (que han sido “desobedientes”) en la gracia dada a los gentiles. En los caminos de Dios, pues, “éstos” del v. 31 (o sea, Israel en incredulidad), serán también objetos de misericordia, lo cual, naturalmente, ocurrirá a su debido tiempo.

 

Israel será aún objeto de misericordia (v. 31)

 

El v. 31 se refiere a la incrédula nación de israelitas y a la misericordia extendida a los gentiles. Cuando Israel rechazó a Cristo, ellos perdieron el derecho a todo reclamo de las antiguas promesas. Por lo tanto, el futuro Israel que será salvo, gozará de esas promesas, no en virtud de ningún derecho o mérito humano, sino sólo por la misericordia de Dios, de la misma manera que Dios está ahora desplegando misericordia ahora a los gentiles, los que no tienen ningún derecho a nada.

 

«“30 Pues como vosotros en otro tiempo fuisteis desobedientes a Dios, pero ahora habéis venido a ser objetos de misericordia por la desobediencia de ellos, 31 así también éstos ahora han venido a ser desobedientes a la misericordia extendida a vosotros, a fin de que ellos también vengan a ser objetos de misericordia. 32 Porque Dios encerró a todos en desobediencia, para mostrar misericordia a todos” (Traducción de W. Kelly).

 

Wiclif, Tyndale y Cranmer, junto con la Vulgata, la Peshitta y las versiones Filoxena siriaca y Arábiga, son aquí más correctas que la Geneva Bible inglesa, Beza y la Versión Autorizada inglesa (King James). Calvino parece estar más cerca de la verdad, pero no da justo en el blanco. Dice: «Que ellos han venido a ser incrédulos por la misericordia manifestada a los gentiles, es algo duro…» (Calvino, Comentario a los Romanos, in loco); tampoco hay ninguna necesidad de su explicación para aclarar una dificultad creada por su mismo error. Los judíos se rebelaron contra la misericordia manifestada a los gentiles tal como lo aprendemos al leer el libro de los Hechos, 1 Tesalonicenses capítulo 2, etc., y como la experiencia nos lo muestra por los hechos hasta el día actual.

 

A mi juicio, no sólo me parece que en la interpretación moderna haya una ausencia de un sentido justo de las cosas, sino un positivo error en disputa con el capítulo, con el contexto y con las Escrituras en general. La opinión moderna se estrella contra el capítulo, por cuanto el argumento previo trata de la restauración de los judíos como si fuese “vida de entre los muertos” (v. 15), y no hace de la plenitud de los gentiles el medio de la restauración de Israel. También se estrella contra el contexto, por cuanto el expreso argumento es simplemente hacer añicos toda arrogancia tanto de parte de judíos como de gentiles, y especialmente de los gentiles, quienes ahora gozan de la luz, mientras que los judíos se hallan tras un oscuro y frío eclipse. Y también colapsa contra las Escrituras en su extensión, por cuanto en ninguna parte de ellas se alude a la misericordia mostrada a los gentiles como el (o un) medio para la restauración de Israel. No se puede concebir una doctrina más extraña a la Biblia, que la idea de que Israel como nación mirará finalmente a Cristo y obtendrá así misericordia mediante la instrumentalidad de los gentiles creyentes. Puesto que se advierte a los gentiles que serán cortados si no permanecen en la bondad de Dios (v. 22), (y nadie excepto el hombre menos espiritual, por no decir el más endurecido, puede afirmar que los gentiles han permanecido en esa bondad), la sentencia es escisión, no el honor de traer a Israel a la fe. Sin duda los gentiles creyentes serán trasladados a bendiciones más elevadas, así como los judíos creyentes lo fueron cuando los judíos infieles fueron cortados. Por lo tanto, el objetivo primario es el de extinguir toda confianza propia y toda jactancia. Así como la misericordia solamente dio cuenta de la introducción de los gentiles por la rebelión de Israel contra Dios, así también los judíos serán vueltos a injertar en su propio árbol de olivo, experimentarán de que nada excepto la misericordia fue la causa o explicación de ello, algo que en cierto modo está en armonía en espíritu con el apóstol de la circuncisión cuando en el concilio de Jerusalén (Hechos 15:11) pronunció esas memorables palabras, tan dignas para dicha ocasión: “Creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos” (los gentiles), y no que ellos lo serán del mismo modo que nosotros (los judíos).

 

Así pues, ellos eran todos pecadores; y los caminos de Dios en santidad y amor y verdad, sólo sacaron a luz la contumaz insujeción, por un lado, tanto de los judíos como de los gentiles, y, por el otro, la incomparable misericordia de Dios: todas las pretensiones, la justicia y los privilegios del hombre terminan en incredulidad y rebelión, pero Dios nunca brilla más verdaderamente entonces como Dios que en su misericordia que perdura para siempre» (W. Kelly, Notes on the Epistle to the Romans, in loco).

 

En Isaías 45:25 leemos: “En Jehová será justificada y se gloriará toda la descendencia de Israel.”

 

En Romanos 11:32 “todos”, ambas veces se refiere al “todo Israel” del v. 26.

 

 

Apéndice explicativo sobre “Todo Israel será salvo”

 

Al considerar el significado de “todo Israel” en Romanos 11:26, citamos a William Kelly quien ofrece algo de la historia de la interpretación del significado de esta expresión:

 

«No hay expresión más importante en el Nuevo Testamento para determinar el significado exacto de la profecía del Antiguo Testamento que ésta. La escuela alegórica de los antiguos desde Orígenes hasta los modernos de nuestros días, están aquí lejos de la verdad de Dios. De hecho, éste es como un sistema puramente fútil, que tiene sus raíces en la incredulidad, y su efecto dogmático es debilitar la confianza en la simple palabra escrita, mientras que su resultado práctico es no sólo privar al antiguo pueblo de Dios de su esperanza, sino también rebajar y oscurecer nuestra propia esperanza al sustituir la posición terrenal de Israel (confundida y arruinada debido a una así llamada «espiritualización») por la separación para Cristo y nuestra unión con él en el cielo, el cual es el verdadero lugar del cristiano y de la Iglesia. Puede que sorprenda a algunos saber que Orígenes —sin duda uno de los más capaces y más eruditos padres griegos de la antigüedad— dice que Sion, en este contexto, representa al Padre (¡!). Otros pueden ser más sobrios; pero ninguno entendió la verdad de una manera mejor que él, aunque no hayan dado rienda suelta a semejantes vuelos extravagantes de la imaginación. Uno esperaría, por ejemplo, algo mejor de Teodoreto, lo mismo que de Crisóstomo, pero me veo obligado a demostrar qué precaria es la enseñanza que, después de afirmar verdaderamente que los judíos creerán al concluir la obra de la que se habla entre los gentiles, nos dice que “todo Israel” significa simplemente «aquellos que creen», ya de entre los judíos o de entre los gentiles. Incluso Jerónimo niega temerariamente esta magra expectativa de bendición para Israel al final (Comm. Esai. xi.), ¡y él quiere que todo se entienda con respecto a la primera venida!

 

Tampoco los reformadores se pudieron limpiar  de la ignorancia y el prejuicio de los Padres, en parte por su terror de la violencia y el fanatismo de los anabaptistas en sus sueños de un quinto reino, sueños que después de todo son mucho más afines con las teorías de Roma y de los Padres que con las santas esperanzas celestiales dadas en la Palabra escrita. Pues se observará que tales visionarios buscaban una Sion propia en la tierra, tal como, en un sentido distinto, sus adversarios interpretan los profetas respecto de la iglesia. Todos estuvieron equivocados, aunque en sentidos diferentes; y así lo estarán también todos aquellos que no vean que la porción de la Iglesia es una porción celestial con Cristo en Su venida, quien restaurará a su antiguo pueblo al goce de todas las bendiciones y gloria prometidas en la tierra, cuando las naciones serán solamente entonces bendecidas en su conjunto, aunque de una forma subordinada. Pero los santos resucitados reinarán con Cristo sobre la tierra. Nosotros somos bendecidos en los lugares celestiales en Él.

 

Por eso podemos entender las vacilaciones de Lutero. Mientras que Calvino siempre se equivocó en esto, y como ejemplo basta su interpretación de este texto, donde él hace que “todo Israel” signifique el conjunto de los salvados, teniendo los judíos tan sólo el lugar superior como el primogénito [*].

 

Beza, del lado protestante, y Estius del lado católico, han explicado el versículo mucho más correctamente y mostraron el contraste entre πας ’Ισραήλ (“todo Israel”) en el futuro, con el endurecimiento απο μέρους, que estrictamente significa “en parte” (y no un mero calificativo de una severa declaración), especificando también la expresión “hasta que” como el punto del tiempo en el cual sucede el gran cambio. Decir como Calvino que “hasta que” (αχρις ου) no caracteriza esto, sino que es meramente equivalente a “para que”, muestra el fuerte prejuicio de un buen hombre cuyo conocimiento de la lengua griega era imperfecto, y hasta qué punto no comprendió el verdadero sentido del capítulo que tenía ante él, debido a esa sabiduría gobernada por la propia presunción contra la cual el apóstol advierte a los gentiles aquí.

 

El hecho de que “la plenitud de los gentiles” no puede significar la conversión universal del mundo a Cristo, es perfectamente cierto tan sólo deduciéndolo del previo razonamiento del apóstol en la porción central del capítulo, donde él dice: “Y si su transgresión es la riqueza del mundo, y su defección la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más su plena restauración?” (v. 12), mostrando cómo los estaba provocando a celos para salvar a algunos de ellos; “porque si su exclusión es la reconciliación del mundo, ¿qué será su admisión, sino vida de entre los muertos?” (v. 15). Y esto, como ya se ha demostrado, armoniza con el constante testimonio de la Ley, de los Salmos y de los Profetas, los que invariablemente hacen de la bendición de Israel como creación, la condición ―y, bajo Dios, el medio― de la bendición de toda la tierra (un nuevo estado de cosas), lo cual no es el Evangelio ni la Iglesia como los conocemos hoy (los cuales son inconsistentes con ello), sino el Reino en su manifestación de gloria cuando, en el más amplio sentido, toda carne verá la salvación de Dios. Aquí los comentaristas son, debo decir, penosamente faltos de entendimiento. El esfuerzo de algunos antiguos, y de modernos como Grotius y Hammond, para ver el cumplimiento del versículo en los tiempos de los apóstoles es, de todos los esquemas, el más absurdo, y el más opuesto al texto en cuestión.

 

Puede agregarse que, si bien el deán Alford tomó el término “Israel” en su propio sentido, él, como los demás, debilita mucho la fuerza de la verdad al acabar con la aseveración de que el asunto aquí tratado es la recepción de los judíos dentro de la iglesia de Dios. No es así. La cuestión del árbol de olivo se distingue totalmente de la Iglesia, aunque indudablemente hay ramas ahora en el olivo desde Pentecostés que también son miembros del Cuerpo de Cristo, de la Asamblea de Dios. Pero el árbol de olivo es otra idea totalmente distinta, y comprende los caminos de Dios sobre la base de la promesa desde Abraham a través del Israel de antaño, la profesión gentil hoy, e Israel nuevamente en la era milenaria, y no se trata de creyentes solamente, sino que tiene que ver con la responsabilidad conforme a los privilegios otorgados, con el juicio ejecutado contra las ramas judías infieles del árbol, a fin de dar entrada a los gentiles, tal como será ejecutado también contra los gentiles desobedientes cuando Dios otorgue arrepentimiento a Israel y remisión de pecados en la aparición de Cristo y de su reino» (W. Kelly, Notes on the Epistle to the Romans, in loco).

 

[*] «Multi accipiunt de populo Judaico, acsi Paulus diceret instaurandum adhuc in eo religionem ut prius; sed ego Israelis nomen ad totum Dei populum extendo, hoc sensu: Quum Gentes ingressae fuerint, simul et Judaei ex defectione se ad fidei obedientiam recipient: atque ita complebitur salus totius Israelis Dei, quem ex utrisque colligi oportet: sic tamen ut priorem locum Judaei obtineant, ceu in familia Dei primogeniti.» (Comm. in loc.). Tampoco son sus razones más sanas que sus conclusiones; pues Calvino considera que el sentido místico es más apropiado porque Pablo quería señalar aquí la consumación del reino de Cristo, «quae in Judaeis minime terminatur sed totum orbem comprehendit». El argumento en realidad va a confirmar lo que se niega; porque la Iglesia es esencialmente una elección de entre los judíos y los gentiles, y nunca puede abarcar el mundo entero; mientras que la salvación de todo Israel en la venida de Cristo para reinar, inaugura y caracteriza Su reino sobre toda la tierra. Compárese Zacarías 12 y 14.  

 

Thy Precepts July/Aug 2001, vol. 16, #4, págs. 130-138

 


 

Segunda parte:

 

Algunas objeciones consideradas

 

En Romanos 11, ¿se trata de “israelitas” o de “Israel” como nación?

 

En el contexto del capítulo 11 de Romanos, no se trata de “los judíos” o de “israelitas” como individuos pecadores a la par de los gentiles (tema tratado hasta el capítulo 5 de Romanos), sino de Israel en sentido colectivo, nacional, de la «masa del pueblo» que estaba endurecida judicialmente, pero que pasará a un estado de “plenitud” (pleroma) nacional en el futuro (Romanos 11:12). Tampoco se trata del «plan de la salvación para los judíos», como algunos han propuesto, pues no hay que confundir el plan de salvación de Dios para todos los seres humanos sin distinciones nacionales, y en todas las épocas, ahora cumplido en Cristo, con el plan profético de Dios para la tierra respecto de Israel y las naciones.

 

¿Dónde ubicamos la cuestión del Israel nacional? ¿Terminó para siempre en los planes de Dios para la tierra “el pueblo de Israel” por el hecho de que Dios los endureció y puso a los gentiles como testimonio de Sus caminos en la tierra, mientras tanto? ¿Qué entonces de las promesas incondicionales hechas a los padres (Romanos 11:28-29)? ¿Es injusto Dios entonces? A esto responde el apóstol y a esto tiende la conclusión del capítulo. El apóstol no utiliza términos tales como “judío”, “israelita” en este capítulo; sino que empieza diciendo:

 

“Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera” (Romanos 11:1).

 

En este contexto, considérese lo siguiente:

 

1 Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín.

 

2 No ha desechado Dios a su pueblo, al cual desde antes conoció. ¿O no sabéis qué dice de Elías la Escritura, cómo invoca a Dios contra Israel?,

 

7 ¿Qué pues? Lo que buscaba Israel, no lo ha alcanzado; pero los escogidos sí lo han alcanzado, y los demás fueron endurecidos;

 

25 Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles;

 

26 y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, Que apartará de Jacob la impiedad.

 

Pablo, pues, comienza este capítulo (11:1) con una pregunta acerca del Israel étnico como pueblo, o nacional: “¿Ha desechado Dios a su pueblo?”, el apóstol dice que ¡no!, y sigue su argumentación hasta terminar revelando el futuro nacional de “todo Israel” (v. 26). No se trata, pues, de la salvación de israelitas individuales en el presente, (tema desarrollado en los capítulos 1 a 5 de la epístola), pues siempre va a haber israelitas salvos por gracia, y el mismo Pablo era uno, sino que la enseñanza paulina asegura una bendición nacional al Israel étnico como pueblo en el futuro. Y de esto justamente se habla en Romanos 11 (pues si bien siempre hay israelitas salvos, no siempre habrá un pueblo restaurado): por el momento, el “pueblo” in toto ha sido “desgajado” y el gentil “injertado contranaturaleza”. El argumento de Pablo es que el pueblo desgajado (no israelitas individuales aquí y allá), volverá a ser reinjertado y revivido (v. 23): algo muy diferente al argumento de algunos de que «Dios salva judíos en todas las épocas» (una simple tautología).

 

La figura del olivo muestra que Dios no trata más por el momento con Israel como nación 

 

Si bien es cierto que Dios siempre ha salvado a los pecadores individuales y que, desde el establecimiento de Israel, ha salvado de entre ambos tanto a judíos como a gentiles, también es cierto que Dios, hasta un tiempo futuro, ya no trata más con el Israel nacional. Esto se representa en el capítulo 11 mediante la figura del olivo del privilegio, donde se ve claramente que Israel como tal ha sido arrancada (11:17), y, en el lugar del privilegio en la tierra, los gentiles, han sido injertados contranaturalaza. Por eso el apóstol contrasta los dos estados de Israel como tal, y su cambio futuro, donde será restablecido a su anterior estado. Veamos algunos ejemplos que describen a Israel en sus dos estados opuestos en cuanto a privilegio en la tierra:

 

a. La situación de Israel se revierte desde un estado de tropiezo o caída, al estado opuesto de plenitud (v. 11-15)

 

b. Israel pasa de un estado de exclusión, a otro de admisión  (v. 15)


c. Israel pasa de un estado de incredulidad o cortamiento, a un estado de “ser nuevamente injertado” (v. 23-24).

 

d. Israel pasa de un estado de endurecimiento parcial, a un estado de salvación en su totalidad (v. 25-26).

 

¿No ha salvado Dios israelitas en todos los tiempos? 

 

Esta verdad tan obvia, no es la enseñanza del apóstol en el capítulo 11 de Romanos. Hoy día, la nación de Israel, “todo Israel” o “la plenitud de Israel”, fue rechazada, aunque parcialmente Dios salva hoy a unos pocos israelitas. Este remanente de israelitas salvos —una parte minoritaria de Israel— claramente no es “todo Israel”, el cual aguarda el futuro, cuando el endurecimiento de la mayor parte de Israel será removido por la entrada del número completo o “pleroma”de los gentiles. Es algo muy cierto que Dios tiene un remanente en todas las épocas de la historia de Israel. Pero “un remanente” de entre Israel, no es lo mismo que Israel en conjunto o “todo Israel”. Y justamente el mismo apóstol contrasta “un remanente hoy” con “todo Israel” en el futuro, como ya veremos seguidamente.

 

El error de algunos consiste precisamente en no distinguir una parte de Israel (o el remanente dentro de Israel) con “todo Israel” o su “pleroma”, es decir, en «tomar la parte por el todo», lo cual conduce a la confusión de conceptos.

 

Para resumir, Dios puede rechazar a Israel como pueblo por un tiempo, pero nunca rechazará israelitas inividuales, como cualquier pecador, para salvación, ni ayer, ni hoy ni mañana.

 

Como pueblo, Israel:

 

a) Fracasó (v. 12)

 

b) Fue expulsado (v. 15)

 

c) Fue endurecido (v. 7, 25)

 

d) Son enemigos (v. 28)

 

e) Son transgresores (v. 11, 12), etc.

 

Notemos que todas las referencias del pasaje son colectivas, y no van dirigidas a individuos por separado; y esto queda bien ilustrado mediante la figura del “árbol de olivo” (v. 16-24).

 

Y volvemos a decir que este estado de rechazo, enemistad, endurecimiento, trasgresión, desgajamiento de ramas, etc. en que cayó el pueblo de Israel, será revertido en el futuro: tal es la clave del pasaje y la culminación de la enseñanza paulina. Israel pasa por dos estados: aceptado (desde el llamamiento), y rechazado (por el Evangelio), mas readmitido en el futuro (por el carácter  irrevocable de las promesas). Esta reversión del estado de rechazo de «la masa del pueblo» en la que venimos insistiendo, está claramente expuesta en el contexto del pasaje:

 

12 Y si su transgresión es la riqueza del mundo, y su defección la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más su plena restauración

 

15 Porque si su exclusión es la reconciliación del mundo, ¿qué será su admisión, sino vida de entre los muertos?  

 

23 Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar.

 

24 Porque si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo?

 

“Poderoso es Dios para injertarlos de nuevo” (v. 23)

 

¿A quiénes? ¿Al remanente o, más bien, a la nación «in toto»? La aseveración del apóstol en el v. 23 donde dice: “poderoso es Dios para volverlos a injertar” (refiriéndose a las ramas arrancadas, que representan la nación desechada como tal) no puede aplicarse al remanente, el cual es parte del olivo (la parte minoritaria de judíos que se convierten a Cristo a través de los siglos). ¿Acaso el remanente de los elegidos fue “arrancado”? ¿Fue acaso el apóstol Pablo “arrancado”, para ser vuelto a injertar? ¡Imposible! Por eso, la masa de la nación, “su pueblo”, o “todo Israel”, el cual “nunca fue desechado”, será nuevamente injertado o recibido en virtud, no de su fidelidad, sino de la fidelidad de Dios a las promesas incondicionales hechas a los padres (v. 28-29).

 

La confusión, pues, entre el remanente (la parte creyente de Israel en todas las épocas) y el pueblo en su conjunto (la nación «in toto»), impide ver el argumento del apóstol, y justamente esta anulación de toda vista colectiva de Israel en este capítulo, y el afán de individualizarlo todo, es parte de una estrategia para acomodar todo a fin de que encaje dentro de un predeterminado sistema teológico, que concluye tomando al “todo Israel” como una mera suma de «todos los remanentes» de judíos creyentes a lo largo de la era cristiana. Esto lo trataremos con más detalle al final, pero cualquiera puede darse cuenta a simple vista de que una suma de remanentes no es equivalente a “todo Israel” en un determinado punto de la historia, como lo indica el uso bíblico del término (que detallaremos al final). La suma de remanentes a lo largo de los siglos sigue siendo un remanente dentro de Israel, pero no su plenitud.

 

El contexto del capítulo 11, como ya lo demostramos, no permite equiparar al remanente con “todo Israel”, sino que más bien lo contrasta; y para ver el contraste de un remanente con la plenitud de Israel o “todo Israel” compárese Romanos 10:21 y 11:1 con los v. 5, 7 y 26.

 

Pablo, además de considerar al remanente y al pueblo en conjunto como dos entidades, contrasta al remanente de la totalidad del pueblo, también dentro del tiempo:

 

a) Remanente de hoy: v. 5

 

b) Remanente del futuro (el cual se convierte en una plenitud): v. 12, 23-24, 26. 

 

En consecuencia, la plenitud de Israel, que no existe hoy, tendrá lugar en el futuro, según lo explican los v. 24 en adelante[2].

  

Resumamos las razones de por qué “Israel” se refiere aquí a la nación en conjunto y no a israelitas individuales ni a un remanente de salvados ni a una suma de los remanentes salvos en todas las épocas

 

1. v. 28: Israel como nación. El paralelo entre las dos partes del v. 28 indica que “todo Israel” es la misma nación endurecida del v. 24 que es salva en el v. 25, esto es, siempre el contexto se refiere a la nación de Israel, y no al remanente.

 

v. 28: “Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros”. No hay duda de que esa mitad del versículo se refiere a la nación de Israel en conjunto, y no a individuos aislados: todos ellos —todo Israel— son enemigos de Dios. De la misma manera, la segunda mitad del versículo se refiere a la nación en su conjunto también: “Pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres”. Esto dice claramente que Dios, por un lado, ha endurecido a la nación pero simultáneamente la ama por causa de los padres. Por tanto, aunque Israel es enemigo de Dios hoy e incrédulo, esa situación se revertirá el día de mañana cuando toda la nación se convierta “por causa de la elección y de los padres”.

 

2. El término “Israel” del v. 25 y 26 no sólo es el mismo en el original, sino que naturalmente significa lo mismo: La nación de Israel en conjunto y no israelitas individuales.

 

v. 25: “Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte.” Aquí “Israel” se refiere a la nación endurecida a lo largo de la presente era, “hasta que entre la plenitud de los gentiles”: no hay duda de ello. Y el v. 26: “y entonces todo Israel será salvo”, debe necesariamente referirse también a la nación misma en su conjunto. El mismo Israel endurecido del v. 25, es el mismo que será “salvo” en conjunto.

 

3. El paralelo en el v. 12 señala lo mismo

 

v. 12: “Y si su transgresión [la de la nación de Israel en conjunto] es la riqueza del mundo [los gentiles en conjunto], y su defección [el de la nación de Israel en conjunto] la riqueza de los gentiles [los gentiles en conjunto], ¿cuánto más su plena restauración [la de la nación de Israel en conjunto]?”. Es evidente que en este versículo, su “plena restauración” debe naturalmente referirse a la misma nación de “su transgresión”  y “su defección”, y que en ningún caso se refiere a «actos individuales». Se concluye que “su plena restauración” se refiere a la salvación de “todo Israel”, o sea, del Israel nacional.

 

4. Lo mismo es cierto en cuanto al paralelo que se traza en el v. 15

 

“Porque si su exclusión [la de la nación de Israel] es la reconciliación del mundo [los gentiles en conjunto], ¿qué será su admisión [la de la nación de Israel], sino vida de entre los muertos?”. La nación que es ahora rechazada, luego será aceptada. De modo que, la “admisión o aceptación” de la nación ahora excluida, debe naturalmente referirse a la salvación de “todo Israel”, esto es, a la salvación de la nación en conjunto un día futuro. Es futuro porque hoy la nación está aún endurecida hasta que los gentiles completen su número.

 

5. La referencia a “quitar la impiedad de Jacob” en el v. 26 sólo puede referirse al “Israel nacional” o “todo Israel”

 

v. 26: “Y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad.” Esto no puede referirse a casos aislados, y la alusión es claramente al retorno del Señor en su segunda venida. “Quitar la impiedad de Jacob” incluye seguramente remover el endurecimiento nacional del v. 24. Nunca Jacob en la Escritura se aplica a un israelita por separado ni a ningún remanente, sino a la nación. “Cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará” (2 Corintios 3:16). Y el Señor dijo: “He aquí, vuestra casa os es dejada desierta; y os digo que no me veréis, hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor” (Lucas 13:35). Cristo levantará el velo de sus ojos y quitará su endurecimiento, lo hará de “Jacob”, esto es, de “todo Israel”.

 

¿Hasta cuándo durará el tiempo del endurecimiento de Israel?

 

He aquí la sencillez, precisión y claridad en la respuesta de la Escritura a esta pregunta:

 

Hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito…” (Romanos 11:25-26).

 

 

Analicemos en detalle el v. 25 y su nexo natural con el v. 26

 

El v. 25 dice explícitamente que el endurecimiento de Israel (como nación, en conjunto), durará sólo “hasta que (del griego: achri hou, una cláusula temporal que significa simplemente «hasta el tiempo que») haya entrado (del griego: eiseltheh, segundo aoristo subjuntivo activo de eiserchomai) la plenitud de los gentiles”.

 

Según Thayer, en su conocido Léxico griego-inglés, esta expresión, “hasta que” es estrictamente temporal, y señala el fin, en un punto del tiempo, de un suceso específico que viene teniendo lugar a lo largo del tiempo (lo veremos más adelante).

 

En el tiempo, tuvo, y sigue teniendo hoy, lugar el endurecimiento de Israel, o sea, del pueblo, del conjunto (evidentemente no de las excepciones individuales actuales o del remanente, que siempre coexistió en medio de un pueblo endurecido). Pero el apóstol revela que este endurecimiento nacional no perdurará indefinidamente, sino que llegará un punto del tiempo en el cual concluirá, a saber, cuando (“hasta que”) otro suceso se haya cumplido: “hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles”.

 

El gran cambio tendrá lugar: Israel in toto pasará del estado endurecido al estado de salvo  

 

Evidentemente, el “Israel” del v. 25 es el mismo “Israel” del v. 26: sólo que en dos condiciones diferentes y opuestas: una, endurecido, la otra, salvo. Una vez que se haya alcanzado en el tiempo “la plenitud de los gentiles” (pues no hay otra forma de entender “hasta que”), el endurecimiento nacional cesará, y, de esta manera, “todo Israel será salvo” (v. 26). Es evidente que si el endurecimiento de la mayoría no cesa, sería imposible que “todo” Israel fuese salvo, sino sólo “parte” de Israel: algo que nunca ha dejado de suceder hasta hoy. Israelitas salvos por la fe los ha habido y los habrá siempre a lo largo de la historia: esto no constituye ninguna nueva verdad, ningún misterio, y es una realidad demasiado obvia. Pero la Escritura no dice “los israelitas” serán salvos —como algunos quieren leer—, sino “todo Israel”, como ya hemos visto e insistido. No es lo mismo “todo Israel” salvo, que “salvar a algunos de ellos” del v. 14, lo que tiene lugar hoy, y mientras perdure el endurecimiento. Es evidente que esta conversión a escala nacional no puede tener lugar en tanto persista el endurecimiento nacional, el cual habrá de ser revertido en un punto del tiempo, cuando “haya entrado la plenitud de los gentiles”.

 

Es un evento estrictamente futuro, “hasta que” cese el endurecimiento general de la nación

 

Como lo vimos, el apóstol, antes de la revelación del misterio, ya había adelantado que Israel como pueblo sería plenamente restaurado en el futuro: v. 11, 12, 15, 16, 24. Además, el v. 25 indica explícitamente que el endurecimiento actual de Israel (el cual impide su plena restauración) seguirá sólo “hasta que” haya entrado la plenitud de los gentiles (la cual hoy todavía no se ha alcanzado). La palabra misterio, además, no tendría sentido o sería exagerada si Pablo estuviera revelando a los romanos, como algunos alegan, simplemente que «todos los judíos elegidos a lo largo del tiempo serían salvos»: una verdad tan obvia, no podría ser un “misterio”.

 

Y el carácter futuro de la conversión nacional de Israel está finalmente confirmado por las Escrituras de los profetas del Antiguo Testamento. El apóstol toma las citas de Isaías 59:20, 21; 27:9; Jeremías 31:33-34.

 

Y así, todo Israel será salvo” ( v. 26)

 

Para tratar de despojar la expresión “y así” (la versión Reina-Valera vierte muy acertada y legítimamente “y luego”; véase el léxico de Thayer en su última acepción de consecuencia) de su sentido y conexión natural (pues ella sigue a un término estrictamente temporal en la cláusula anterior: achri ou o “hasta que”), algunos han recurrido a ignorar intencionadamente el contexto inmediato, y, en su lugar, lo han procurado reemplazar forzosa y arbitrariamente por otro significado que describe una acción —en realidad, una tautología— del contexto lejano: es la falacia de tomar «lo más próximo por lo más lejano», «lo directo por lo indirecto», cuando lo más próximo explica perfecta y suficientemente el significado de la expresión. Es simplemente imposible que “todo Israel” fuese salvo, a menos que culmine en el tiempo su endurecimiento en parte, el cual, como lo revela el misterio, tendrá lugar “cuando haya entrado la plenitud de los gentiles”.

 

“Y así” (griego: kai houtos)

 

Esta expresión tiene una fuerza comparativa que indiscutiblemente incluye el tan obvio factor tiempo o cronológico que le precede y que le da el sentido: “hasta que”. Thayer, en su conocido Léxico, empieza diciendo que kai houtos «se refiere a lo que precede», y sigue diciendo: «toma el sentido de ‘bajo estas circunstancias’, ‘dadas así las cosas’, ‘una vez cumplido esto’, ‘luego o entonces’» (A Greek-English Lexicon of the New Testament, pág. 468).

 

Que la expresión está íntimamente ligada al factor cronológico o suceso de eventos cumplidos, es fácil de demostrar con unos pocos ejemplos comparativos:

 

“Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así (kai houtos) estaremos siempre con el Señor” (1 Tesalonicenses 4:17).

 

“Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así (kai houtos) del pan, y beba de la copa” (1 Corintios 11:28).

 

En el primer caso, «si se cumplen las condiciones precedentes», o sea, haber quedado vivos y ser arrebatados en las nubes, entonces (o de esta manera, una vez cumplido esto) estaremos siempre con el Señor, de lo contrario, no será así. Lo mismo ocurre en la Cena del Señor; una vez que uno se ha examinado a sí mismo, entonces o luego se participará; es decir, comer y beber siguen en el tiempo al examen de uno mismo.

 

Veamos otro ejemplo:

 

“Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumpliréis así (kai houtos) la ley de Cristo” (Gálatas 6:2).

 

Es decir, una vez que estén dadas las condiciones precedentes, entonces, cumpliremos la ley de Cristo (cf. también Hechos 17:33; 20:11).

 

También Thayer dice que está muy ligado a esta expresión el sentido de consecuencia, y de ahí que se traduzca también por luego o entonces (que incluye las ideas de consecuencia y de tiempo), por eso es muy buena la traducción de la versión Reina-Valera, pues “luego”, en castellano, no se refiere sólo al tiempo, sino que es también una «conjunción ilativa o consecutiva con que se denota la deducción o consecuencia inferida de un antecedente» (DRAE).

 

Un error común de los que niegan el evento futuro para Israel

 

Como acabamos de decir, algunos pretenden relacionar la expresión “de esta manera” o “así” (kai houtos), con el contexto llamado «anterior» in abstracto, pero no con el contexto «inmediato», sino «con otro contexto anterior» al que se define arbitrariamente como «el contexto», para así evitar que se lea la propia conexión y sentido de la frase dentro de su propio contexto inmediato. Entonces se define «el» contexto como el «remanente de judíos creyentes salvos en esta edad», y así se concluye diciendo que ésta es la manera en que «se salvan todos los israelitas», siendo el modo mediante la provocación de los judíos a celos por parte de los gentiles (v. 11); se alega, además, que ello es un proceso continuo que ocurre entre las dos venidas de Cristo. Con toda esta «alquimia espiritual», esta teoría termina postulando que no existe ningún futuro étnico para el pueblo de Israel, o sea, que no existe una nación salva al final de los tiempos, ¡y de que Pablo no dice eso!

 

La falla de esta teoría

 

Ahora bien, esta interpretación falla en lo más elemental para interpretar una lengua: ignorar el contexto inmediato precedente, y, en lugar de ello, y tras hacer algunos cambios en el significado normal de las palabras, buscar una explicación diferente por otro contexto «remoto y arbitrario» (cuando lo normal es que kai outos se refiere siempre al antecedente más próximo, es decir al contexto inmediato anterior, y no a otro lejano, como puede verse por cualquier ejemplo del empleo de la expresión en el idioma griego): algo típico de la lucubración teológica. El resultado de esto es que se hace violencia a las normas básicas del lenguaje. No se puede citar ningún caso en que esta explicación se refiera a un contexto que no sea el inmediato, salvo por un fin predeterminado o por fuerte prejuicio, y este extraño método de interpretación no se utilizaría en ningún tipo de literatura sin provocar un fuerte daño al sentido llano del texto.

 

¿Cuál es el antecedente inmediato?

 

Basta con leer la Escritura:

 

“Ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles” (v. 26).

 

El antecedente más cercano a “y así”, es el tiempo cuando el endurecimiento de Israel haya llegado a su fin, lo cual tendrá lugar una vez que se complete el número de gentiles salvos, proceso que aún no ha concluido, y no la perogrullada: «la salvación de los judíos en esta edad». El contexto inmediato se refiere, pues, al cese del endurecimiento de Israel, y a la salvación del número completo de gentiles en un determinado momento del tiempo.

 

“Hasta que”: El elemento temporal para que ocurra la salvación de “todo Israel”

 

Es imposible escapar a la fuerza de la expresión “hasta que”, por muchas vueltas que se quiera dar.

 

El v. 25 afirma llanamente que el endurecimiento de Israel cesará. Éste es el punto capital de la discusión.

 

Endurecimiento “en parte” constituye una limitación numérica (no temporal) (cf. v. 7); pero “hasta” (del griego aicrón) significa indisputablemente que el endurecimiento cesará cuando se haya alcanzado el número completo de gentiles.

 

Thayer, en su Greek-English Lexicon, nos dice concluyentemente sobre la expresión “hasta que” (achris ou), lo siguiente:

 

«ACHRI(S) Partícula que indica el terminus ad quem (‘límite hasta el cual’). Tiene la fuerza, ya de preposición, ya de conjunción, hasta, hasta el tiempo que. 1. Como Preposición, se usa respecto: a) de lugar, b) de tiempo c) de manera o grado y d) unida al relativo “ou” (“achris ou”) tiene la fuerza de una conjunción: “hasta, hasta el tiempo que”. Seguida por un subjuntivo aoristo, tiene la fuerza de un futuro perfecto: Lucas 21:24; Romanos 11:25; 1 Corintios 11:26; Gálatas 3:19; 4:19; Apocalipsis 7:3; 1 Corintios 15:25; Apocalipsis 2:25» (A Greek-English Lexicon of the New Testament, pág. 91).

 

Notemos lo que dice Thayer sobre el verbo que sigue a “hasta que”, o sea, el verbo “entrar” (eiselthe), pues es un aoristo subjuntivo (achris ou eiselthe = “hasta el tiempo que haya entrado”), lo cual señala un momento específico de tiempo (el aoristo requiere esto), y nunca una acción continua, como algunos pretenden que sea. La condición de endurecimiento, pues, prevalecerá hasta que suceda un evento crucial en la historia, a saber, “hasta que haya entrado el número completo de los gentiles”; mientras tanto, Israel sigue endurecido, y no tendrá así su plenitud, es decir, sólo “parte” de Israel (una muy pequeña parte, por cierto) es salva por la fe, pero no “todo Israel”.

 

Es importante considerar también el tiempo futuro de los verbos usados en los v. 24: “serán injertados de nuevo”, y “será salvo”, del v. 26. Este último, que consideraremos en seguida, es también un aoristo, y, por ende, se refiere a un evento particular en un punto específico del tiempo en el futuro, pero nunca a un proceso continuo a lo largo del tiempo.

 

Como ejemplo, comparemos con Lucas 21:24:

 

“Y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que (achris ou) los tiempos de los gentiles se cumplan [plerothosi = se hayan cumplido; aoristo subjuntivo].”

 

¿Quién puede dudar de que Jerusalén no seguirá siendo hollada por los gentiles —como lo sigue siendo hasta hoy— después que se hayan cumplido “los tiempos de los gentiles”?

 

La expresión “luego” de la versión Valera, ¿causa confusión?

 

Algunos alegan que Pablo no dijo aquí, en el v. 26, «y luego», como si se refiriera al tiempo, sino que la versión correcta debe ser «y así», y que nada tiene que ver con tiempo. Ello —en contra de la gramática, véase Thayer— se hace con el objeto de anular o debilitar la fuerza del contexto inmediato temporal precedente, “hasta que”, el cual determina el significado de toda la expresión. Se logra desviar así la atención del verdadero nexo de la expresión “y así”, y se inventa un problema que no condice con la realidad objetiva del contexto inmediatamente precedente. Como ya lo vimos, esto cumple la función de anular la clara referencia del texto al futuro nacional de “todo Israel”; ello produce un verdadero caos exegético lleno de contradicciones y de callejones sin salida. Pues ya vimos que el contexto inmediato anterior determina que la salvación de “todo Israel” (v. 26) ocurrirá sólo después que se haya cumplido el número completo de los gentiles convertidos, lo que solamente hará cesar el endurecimiento en parte de Israel, y entonces la “parte” de Israel, será recién el “todo”, ya no más “endurecido”, sino “salvo”. 

 

Lo cierto es que no hay otra forma de entender la expresión “hasta que” del v. 25. Por consiguiente, el juicio de endurecimiento ha de terminar en un punto del tiempo, cuando haya entrado “la plenitud de los gentiles”. No puede ocurrir que “todo Israel” sea salvo, entretanto Israel continúe “endurecida”: ambos estados son incompatibles.

 

Miremos uno de los ejemplos que cita Thayer, y que no deja dudas sobre el significado preciso de “hasta que”, en el uso paulino:

 

“Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga [elthe: subjuntivo aoristo]” (1 Corintios 11:26).

 

Es indudable que, “hasta que” el Señor venga (o “haya venido”), deberemos seguir recordándole en la Cena. “Hasta que”, es un período de tiempo que culmina en un punto, o sea, cuando el Señor “venga” o “haya venido”, y, llegado ese momento culminante (que se determina mediante el verbo “venir” que es un aoristo subjuntivo), ya no se seguirá celebrando el memorial entre los cristianos, como se venía haciendo continuamente “hasta” entonces.

 

Pero el hecho es que tan contundente y decisivo es el factor temporal de que habla el v. 25, para el entendimiento del texto, que se busca desestimarlo recurriendo a argumentos falaces que sólo pueden distraer la atención y generar pistas falsas en la lectura de un lector desatento, pero no es posible revertir el sentido natural ni minimizar la fuerza y el claro sentido de la frase.

 

“Israel” como tal, que no ha sido desechado, tiene un destino en la tierra fijado por Dios en el futuro, que no depende de sus propios méritos. Y su “plenitud” tendrá lugar sólo cuando haya entrado “la plenitud de los gentiles”. “Todo Israel será” salvo entonces (compare con el v. 23: “Serán injertados de nuevo”). El tiempo es futuro, lo cual condice con el fin del “hasta que” precedente.

 

Una cosa es desear que la Escritura diga:

 

«Mientras que vaya entrando (tiempos verbales simplemente deseados) la plenitud de los gentiles», «y así, parte de los judíos van siendo salvos» (términos y tiempos verbales deseados).

 

Cuando la Escritura dice:

 

Hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles”; “Y así todo Israel será salvo”

 

Resumen y conclusión:

 

El elemento temporal de cuándo ocurre que todo Israel será salvo, no lo determina la expresión “Y así” (o “luego”), sino la expresión “hasta que”; y el apóstol no es precisamente amigo de redundancias.

 

El apóstol ha venido tratando sobre el futuro de la nación de Israel desde el capítulo 11:1 y siguió con el mismo tema de Israel en conjunto hasta su conclusión natural en cuanto a que “todo Israel será salvo” finalmente, lo cual ocurrirá “así”, una vez que las condiciones recién mencionadas se hayan cumplido, y sólo “entonces” (la otra idea encerrada en el “y así”). 

 

La restauración futura (no presente) del Israel nacional

 

A modo de resumen, vemos que del mismo pasaje se desprende con claridad el hecho de que el apóstol, cuando habla de la restauración de “todo Israel”, habla de una restauración en tiempo futuro, que aún no ha llegado. Veamos las siguientes consideraciones:


1) El elemento temporal en el contraste entre el endurecimiento de Israel “ahora” y su “plena salvación” “entonces”: “hasta que”, v. 25
2) La terminología empleada: “plenitud” y “admisión” (v.12, 15), etc.
3) La misma cuestión suscitada en el v. 1, que gobierna toda la discusión del capítulo.

4) El hecho de que el “endurecimiento” (o “ceguera”) de Israel no es definitivo (v. 25).
5) El tiempo futuro empleado en el versículo 24: “serán injertados”, y en el v. 26: “será salvo”.
6) El lenguaje profético del v. 26, que habla de la segunda venida.
7) El carácter irrevocable del llamamiento y las promesas de Dios (v. 29)
8) La explícita afirmación de Pablo en cuanto a que las promesas y los pactos de Dios son perpetuos e irrevocables (11:26-29)

 

 

NOTAS ADICIONALES

 

 

 

“Todo Israel” no es «el remanente» dentro de Israel

 

La opinión de que “todo Israel” es la «suma de los israelitas salvados durante todas las edades o la suma de los remanentes de toda época», es una idea extraña y contraria a lo que dice explícitamente la Escritura aquí. Ella no dice que «todos los israelitas serán salvos», sino “todo Israel”: el mismo Israel endurecido del v. 25. Siempre, en todas las épocas, ha habido un remanente fiel de judíos de entre Israel: no hay ningún «misterio» aquí para revelar. Pero hay dos partes en un solo Israel: la parte endurecida (la masa del pueblo hasta hoy), y la parte creyente (el remanente). Tenemos, además de estas dos entidades, una tercera que es la plenitud de los gentiles, que todavía no ha llegado. Ahora bien, cuando esta plenitud entre, todo Israel será salvo por cuanto el endurecimiento de la mayor parte habrá cesado, e Israel ya no tendrá dos partes, sino que todo Israel será salvo. No se puede llegar a otra conclusión si seguimos la lectura natural del pasaje.

 

La teoría de los reformados[3] de que:

 

«“Y así”: Por el hecho de provocar a celos a lo largo de esta edad de la Iglesia a los judíos incrédulos e ir formándose un remanente.»

 

«“Todo Israel será salvo”: Esto es, todos los escogidos de Israel de esta época de la Iglesia que se suman al remanente hasta la venida del Señor

fuerza el sentido normal del pasaje en todas sus partes, y puede refutarse considerando lo siguiente:

 

(1) La idea de que “todo Israel” señala al «conjunto de los verdaderos israelitas que a lo largo de la historia han sido preservados como un remanente fiel, a la suma de los remanentes preservados por Dios en cada generación», es, en el mejor de los casos, una tautología, una mera perogrullada que ni merece ser mencionada como la culminación de un argumento acerca del destino de Israel in toto.

 

(2) Esta idea de que «son todos los israelitas salvos en todas las generaciones» no encaja en lo más mínimo en este punto de la discusión del apóstol, e ignora completamente el significado del “misterio” (concepto que tiene que ser “redefinido” para poder desviar su sentido) del v. 25: que el endurecimiento en parte que recae sobre Israel sólo continuaría “hasta que” haya entrado la plenitud de los gentiles, y sólo entonces Israel sería salvo. Ahora bien, decir que «los israelitas de todas las generaciones o el remanente serían salvos» ¡no constituye ningún misterio en lo más mínimo! y no pasa de ser una simple perogrullada.

 

(3) Pablo nunca trata en este capítulo 11 sobre la salvación del remanente dentro de Israel, lo cual es obvio. Ya demostramos que él está tratando sobre Israel en conjunto, sobre el pueblo in toto (11.1). El tema de todo este capítulo, pues, no es «el remanente», sino Israel, como tal, que ahora está excluido, pero que «será salvo en su conjunto». Éste es, pues, el tema central y el punto culminante. El remanente, sólo fue introducido en la discusión más tarde (a partir del v. 4) como una ilustración del futuro del conjunto de Israel. Lo único que Pablo quería hacer notar mediante la ilustración del remanente, es que el remanente era como las arras de la futura esperanza. Pero el remanente en sí no es el tema central de Romanos 11, sino Israel hoy endurecido y excluido temporalmente. Hablar, pues, de la salvación final de todos los que forman parte del remanente, es meramente hablar del remanente, y no de “todo Israel” o de “la plenitud” de Israel. Y, como vimos, Pablo en el v. 26 habla de “todo Israel” en contraste con el remanente. El apóstol habla en términos de estados opuestos (véase arriba):

 

El remanente de Israel hoy es una minoría; la mayoría está endurecida y perdida. Pero en aquel día la situación se revertirá, y la mayoría de Israel vendrá a la fe en Cristo. Los términos “plenitud” (v. 12) y “admisión” (v. 15) demandan, no la situación actual, sino una futura condición que está en agudo contraste con la presente condición endurecida de Israel . No está en vista la mera continuidad de una condición de remanente ya salvo. Hoy Israel “tropieza” (v. 11) y está “endurecido” (v. 7 y 25), de manera que sólo el remanente escogido cree (v. 5), no “Israel”, el que permanece incrédulo. Y el punto de contraste es éste; es la “plenitud” y la “admisión” lo que constituye el tema en discusión a lo largo del pasaje hasta el clímax del v. 26.     

Esta teoría asimismo no cuadra con el lenguaje del apóstol en el v. 7. Allí “Israel” está en incredulidad, y el remanente se halla en la fe por la elección de Dios. Pero si “Israel” está ahora en incredulidad (es decir, la parte mayoritaria de Israel), ¿cómo, pues, podría explicarse “todo Israel” en términos del remanente salvo? ¿Desde cuando es «el todo» «la parte»?

Esa teoría destruye el punto culminante de la argumentación del capítulo 11 que dice: “Todo Israel será salvo.” Decir que esto significa nada más que «todos los elegidos de entre Israel, o el remanente o la suma de remanentes», es una clara falacia, pues ¿cómo se explica entonces que los elegidos serán salvos?


(4) No tiene en cuenta la secuencia cronológica claramente determinada. Israel como tal está actualmente “cortado” (v. 17), pero será “nuevamente injertado” (v. 23). El remanente fiel nunca fue “cortado”. Ya vimos, además, que el endurecimiento parcial de Israel perdurará sólo “hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles” (v. 25). Y, además, como se dijo, este evento (el de la salvación de “todo Israel”, v. 26) habrá de ocurrir a continuación del tiempo de la conversión del número completo de gentiles (v. 25), pero no a la par de ella (ya explicamos los tiempos verbales). Se habla claramente de una reversión de condición y parte: “de nuevo” (v. 23) y “hasta” (achris) es una terminología que expresa poderosamente una secuencia cronológica y, en el contexto, profética.


(5) Esta interpretación simplemente no cuadra con el v. 15. El apóstol dice que cuando la nación en conjunto vuelva al Señor, habrá repercusiones mundiales. ¿Cómo podría decir eso si hubiese a lo largo del tiempo conversiones aisladas del remanente con el mismo efecto? El flujo natural de pensamiento de Pablo en el capítulo 11 desde los v. 11 a 32 se dirige claramente a establecer que la caída actual de Israel no es definitiva, sino que habrá un día glorioso en el futuro para la nación.

(6) Por último, el elemento del tiempo forma parte fundamental en la línea de pensamiento del apóstol. El v. 24 habla en tiempo futuro (como ya lo vimos). “Todo Israel será salvo.” Mientras que los oponentes reinterpretan los verbos y simplemente desean que diga: «Todo Israel irá siendo salvo» (como un proceso continuo que tiene lugar en el tiempo presente). Pero los tiempos verbales en el griego no dejan lugar a la menor duda. Es contundente la referencia del apóstol a las profecías en el v. 26, que hablan de la futura venida del Libertador: “Vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad.” Esto lo hemos comentado en alguna medida en la primera parte, pero es evidente que se trata de una referencia profética que aún no se ha cumplido y que aguarda, para que la bendición a escala nacional en la cual “todo Israel sea salvo”, el retorno de Cristo, el que vendrá “a” y “de” Sion (véanse las notas de Kelly en la primera parte).

El significado bíblico de “todo Israel”

 

Es evidente, a la luz del contexto, y de toda la Escritura, que la frase “todo Israel” no puede referirse a «israelitas por separado» ni a una parte del conjunto del pueblo, sino a todo el pueblo. En todo el capítulo, Pablo traza un contraste entre pueblos completos: las naciones (o los gentiles) y la nación de Israel.

 

Hay un contraste en el v. 7 entre “los demás que fueron endurecidos” y “un remanente elegido”: “¿Qué pues? Lo que buscaba Israel, no lo ha alcanzado; pero los escogidos sí lo han alcanzado, y los demás fueron endurecidos.” El argumento de Pablo es que esta separación de Israel entre la mayoría endurecida y un remanente escogido, finalmente desaparecerá, y que, cuando cese el endurecimiento, “todo Israel” será salvo.

 

El significado de la expresión “todo Israel” puede verse en su uso bíblico con clara referencia a toda la nación en la tierra en un momento dado. Para corroborar lo dicho, léase, por ejemplo, en: Josué 7:24,25; Jueces 8:27; 1 Samuel 13:20; 19:5; 25:1; 2 Samuel 3:37; 1 Reyes 12:1; 2 Crónicas 12:1-5; Daniel 9:11, etc. Nunca esta expresión en la Biblia se refiere a «israelitas individuales» o a un “remanente”, sino al pueblo en su conjunto.

 

Ed.


NOTAS

 

[1] N. del E.— EL MISTERIO. El concepto del Nuevo Testamento acerca de “misterio”, específicamente en el lenguaje paulino, lo podemos deducir con precisión con sólo leer los siguientes pasajes donde, con relación a la Iglesia, aparece el término: Romanos 16:26; Efesios 3:4-5; Efesios 3:9 y Colosenses 1:26. “Misterio” siempre se refiere, pues, a algo que no fue revelado a nadie en absoluto anteriormente, y que de otra forma no podría ser conocido, algo que estuvo oculto de las edades (de períodos de tiempo, o sea, de todo el período del Antiguo Testamento), y también de las generaciones (o sea, de las personas de los tiempos del Antiguo Testamento) (Colosenses 1:26), y que no estuvo oculto en el Antiguo Testamento, sino en Dios (Efesios 3:9); pero que ahora, en la era del Nuevo Testamento, ha sido revelado específicamente mediante los apóstoles y profetas del Nuevo Testamento. La teoría que dice que estos misterios revelados a Pablo, ya estaban revelados parcial o implícitamente en el Antiguo Testamento, pero que no fueron tan clara y plenamente comprendidos hasta el período del Nuevo, contradice, pues, explícita y formalmente los pasajes leídos. Claramente los textos leídos no dicen nada acerca de una revelación parcial previa en el tiempo, sino que afirman que el misterio no fue dado a conocer en el menor sentido, sino que fue guardado en el mayor secreto, por decirlo así, en Dios mismo.

 

Veamos, por ejemplo, el misterio que nos es dado a conocer mediante Pablo en 1 Corintios 15:51-52. Allí se le revela que toda una generación de creyentes vivos sobre la tierra no gustarán la muerte física durante el arrebatamiento. Ahora bien, ¿en qué lugar del Antiguo Testamento se reveló, aunque sea parcialmente, un evento de semejante relevancia? Este misterio permaneció completamente oculto en las edades anteriores, y el Antiguo Testamento no dice ni insinúa nada acerca de ese trascendental evento en ninguna parte. Este misterio recién fue dado por revelación en el tiempo de Pablo (compárese con 1 Tesalonicenses 4:13-18).

 

En cuanto a la Iglesia, en ninguna parte del Antiguo Testamento se dice ni se insinúa que judíos y gentiles vendrían por la fe a formar un solo cuerpo sobre una base de igualdad para con Dios en la tierra (Efesios 2:11-18). Romanos 16:26 dice que este misterio que en otro tiempo fue guardado en secreto, ahora es dado a conocer mediante “escrituras proféticas” (ésta es la traducción correcta, véase el original griego), esto es, mediante profetas del Nuevo Testamento, y no los del Antiguo, para quienes el misterio estuvo absolutamente velado, tal como lo afirman las Escrituras recién leídas, si es que se ha de creer lo que dicen. Los “apóstoles y profetas” mencionados en Efesios 3:5 son los mismos mencionados en Efesios 2:20, y pertenecen exclusivamente al Nuevo Testamento. En 1 Corintios 12:10 y 28-29 (compárese con Hechos 13:1, donde son nombrados varios profetas del Nuevo Testamento), profecías y profetas, respectivamente, son considerados como operaciones y dones del Espíritu dentro de la Iglesia (todo dentro del término general “pneumatikon”, en 12:1, o sea, los asuntos o manifestaciones espirituales) y en Efesios 4:11 se ve claramente que el Señor “dio dones a los hombres”, y que él mismo constituyó “apóstoles y profetas”, entre otros dones, sólo después de su ascensión. Así que hay profecías y profetas pertenecientes únicamente al período del Nuevo Testamento. Hoy día, los “escritos proféticos” inspirados que el Señor nos dejó y que claramente revelan el misterio, son evidentemente las epístolas de Pablo (aunque Lucas y Marcos, por ejemplo, además del apóstol Pablo, también fueron profetas del Nuevo Testamento, dejándonos sus inspirados “escritos proféticos” que les fueron dados por revelación).

 

Ahora bien, en cuanto al misterio de que hablamos en Romanos 11:25, se trata asimismo de algo jamás revelado en ninguna parte del Antiguo Testamento: a saber, que Israel sería puesto a un lado y endurecido por un tiempo, y eso además, “en parte” hasta que entre la plenitud de los gentiles. Sabemos por las Escrituras que siguen, que Israel en su conjunto “será salvo” cuando viniere de Sion el Libertador y establezca el nuevo pacto con su pueblo, todo lo cual aguarda “la plenitud de los gentiles”, que aún no ha llegado, cuando el endurecimiento sea removido, y ellos vuelvan a su lugar de privilegio en los caminos de Dios. Está claro, pues, que el misterio en Romanos 11:25, evita que los “gentiles”, que ocupan hoy, en reemplazo de Israel, el lugar de privilegio a escala mundial, se tornen arrogantes por ver a Israel desplazado, y ocupar ellos el lugar de bendición en la tierra, lo cual es, según la revelación dada al apóstol, solamente en parte y temporal.

 

Cabe señalar también que, si bien hay continuidad en el tema general respecto a la situación de Israel, a partir del v. 25, en el desenlace del argumento general, ocurre un cambio en la forma en que escribe el apóstol, y que debemos diferenciar claramente. En esta sección final, el apóstol, inspirado por el Espíritu, abandona lo que podemos decir, una «línea de razonamientos» en el tema que venía exponiendo, para introducir una revelación de algo que era desconocido hasta entonces, o sea, de un “misterio”. Venía previamente argumentando y dando motivos sobre la gran verdad central de la situación de Israel como nación en los planes de Dios. Pero ahora deja ese terreno, no sigue la vía de argumentación anterior, sino que, revela un misterio que le había sido comunicado acerca de la nación de Israel, a saber, que el endurecimiento de la nación es no sólo parcial, sino temporal, y que perdurará sólo “hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles”, momento en que el endurecimiento cesará, y así “todo Israel será salvo”. Entonces, la separación entre un Israel minoritario creyente (un remanente elegido) y la parte endurecida (que sigue hasta hoy, como puede evidenciarse), desaparecerá: “Todo Israel será salvo”, y ya no más tan sólo un pequeño remanente, como siempre lo hubo; es decir, no habrá más un Israel “endurecido”, cuando se conviertan al Señor en conjunto. Pero, repetimos, el apóstol escribe expresamente esta verdad a los hermanos de Roma en calidad de “misterio” revelado: algo nuevo que aparece a partir del v. 25, a fin de que no sean arrogantes al creer que con ellos (los gentiles) Dios terminará sus planes en la tierra, excluyendo un futuro nacional para Israel, o creyendo que las ramas arrancadas del olivo, lo fueron para siempre.


[2] N. del E.— Si bien los católicos, desde la influencia de Agustín, son mayormente amilenaristas —y de ahí heredan los reformadores su doctrina al respecto—, sin embargo, para algunos exégetas católicos parece no existir dificultad en el entendimiento normal del texto. Leamos, por ejemplo, algunos comentarios católicos sobre el pasaje:  

 

«En Romanos 11,25-26, San Pablo afirma que “el endurecimiento vino a una parte de Israel hasta que entre la plenitud de las naciones; y entonces todo Israel será salvo, según esta escrito: “Vendrá de Sion el Libertador para alejar de Jacob las impiedades”. Aunque no es el momento de analizar exegéticamente este texto, dos cosas resultan claras de él: La conversión de Israel tendrá lugar cuando la plenitud de las naciones haya entrado, cosa que coloca dicho acontecimiento en un plano escatológico y final de la historia. No podía ser nunca esperado durante el primer siglo del cristianismo, cuando las naciones aún no conocían el evangelio, y por otra parte, dicha conversión será producto de la venida de Cristo o de su preanuncio casi inmediato. En consecuencia, ese “acabar con las ciudades de Israel” al menos puede ser entendido como un anuncio de su conversión total. El verbo usado en Mateo 10,23 es “teleo” (“terminar”, pero que también puede significar “cumplir, completar, complementar”.  Es usado en la misma acepción en Lc. 2,39)» (Sacado de Internet).

 

«CAPÍTULO 11 Bosquejo:

 

Las reliquias de Israel (v. 1-10)

La vocación de los gentiles es un estímulo para los judíos (v. 11-9).

Grave advertencia a los gentiles llamados a la fe (v. 19-24)

S. Pablo profetiza la conversión de Israel (v. 25-32).

 

COMENTARIOS: del v. 25 a 30:

 

25: "No quiero que ignoréis este misterio..."... La "plenitud de los gentiles" significa, como explica Scio, "un número prodigioso de gentiles que Dios ha resuelto llamar a la fe antes de la última conversión de los judíos", con lo cual terminará lo que Jesús llama "el tiempo de los gentiles" (Lucas 21:24), es decir, "los siglos destinados para su conversión llegarán a su fin, y entonces habrá sonado la hora para los judíos" (Fillion). Es en tal sentido que se habla de una universalidad, o sea la integración del número de aquellos gentiles "llamados, escogidos y fieles" que Dios determinó "para escoger de entre los gentiles un pueblo consagrado a su nombre" (Hechos 15:14 y nota). Esto concuerda con lo anunciado por el Señor y por el mismo S. Pablo (cf. Lucas 18:8; Mateo 24:21 y sig. 2 Tesalonicenses 2:3 y notas).

 

"En parte": Así era cuando Pablo escribió esta carta, es decir, durante el tiempo de los Hechos: varias ramas del olivo castizo (v. 18) habían sido cortadas sucesivamente, empezando por Jerusalén (Mateo 23:29) y siguiendo por la dispersión en Antioquía de Pisidia (Hechos 13:46-51), Corinto (Hechos 18:6), Éfeso (Hechos 19:9)... Se ve que el rechazo de Israel era parcial y no definitivo, y que el Olivo cortado reverdecerá.

 

26. "Todo Israel", aquí, en el sentido propio, Israel según la carne (1 Cor. 10:18) (Crampon). Según está escrito en Isaías 59:20 y 27:9. "En efecto, en estos dos lugares de su Libro, Isaías habla de los últimos tiempos del mundo y de los dichosos beneficios que obrará el Mesías en medio de Israel" (Fillion).

 

27 "Será, dice Fillion, la obra segunda de Cristo. Gracias a Él,  Dios establecerá con los judíos, una nueva alianza, aquella que está anunciada desde antiguo por los profetas. Cf. Jeremías caps. 31-34, etc."...A este respecto observa Martini: "Esa profecía no se ha cumplido aún, porque el profeta habla de una liberación que se extienda a todos los descendientes de Jacob, lo que significa que se extienda a todas las tribus, las cuales abrazarán de un modo general la nueva alianza. Será pues, cumplida, como explican todos los Padres, al fin de los tiempos" (Cf. Oseas 3:3 y nota).

 

30 s. "Por el delito de los judíos la salvación pasó a los gentiles; por la incredulidad de los gentiles, volverá a los judíos" (Jerónimo)» (La Santa Biblia» versión Straubinger, in loco).

 

[3] N. del E.— Esta teoría está representada, entre otros, por Anthony Hoekema junto con S. Volbeda, H. Bavinck, R. Lenski, L. Berkhof, Herman Ridderbos, William Hendriksen y Palmer Robertson. William Hendriksen, por ejemplo, (en Israel in Prophecy, Grand Rapids: Baker, 1968, págs. 48-51), dice: «Es evidente que la salvación de “todo Israel” estaba llevándose a cabo progresivamente en los propios días y época de Pablo, y que continuará realizándose progresivamente hasta que “todo Israel” haya sido salvo. Cuando el número pleno de los gentiles haya sido reunido, entonces el número pleno de los judíos electos también habrá sido reunido… En los días de Elías hubo un remanente. En los días de Pablo hubo un remanente. En los días venideros habrá un remanente. Estos remanentes de todas las épocas tomados juntos, constituyen el “todo Israel”», (compárese del mismo autor: "And So All Israel Shall Be Saved", Grand Rapids: Baker, 1945, y Exposition of Paul's Letter to the Romans, Grand Rapids: Baker, 1981). H. Bavinck declara: «“Todo Israel” (pas Israel) en Romanos 11:26, no es, pues, el pueblo de Israel que al final de los tiempos se convertirá masivamente. Tampoco es la iglesia de los judíos y gentiles juntos. Sino que es el pleroma que a lo largo de los siglos será introducido de Israel» (Herman Bavinck, The Last Things (trad. John Vriend; Grand Rapids: Baker, 1996). L. Berkhof escribe: «“Todo Israel” ha de entenderse como una designación, no de toda la nación, sino de todo el número de los elegidos del pueblo del antiguo pacto» (Louis Berkhof, Systematic Theology, Grand Rapids: Eerdmans, 1994, pág. 699).

 


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